Salón Mesones, segunda edición
Un pedacito de finitud para observar el cielo abierto
Fechas: 13–26 de septiembre de 2025
Sede: Dolores 54, Centro Histórico, Ciudad de México
Curaduría: Hugo Alejandro Vega
Artistas participantes:
Estíbaliz aespiraliz, Hernán Alfonso, Diego Andrade, Rodolfo Andrade, Douglas Angulo, Arac Antúnez, Ricardo Atl, Andrés Blas, Amanda Bueno, Michel C. M., Canija, Remi Cárdenas, Gueko Chamahua, Galilea Corona, Miguel Cuauhtémoc, Didzayberpvnk, Nicolás Faluótico, Fermín Ferrer, Patricia Figueroa, Axel Fuentes, Andrea Garay, Iliana Govea, Karlos Ibarra, Ian Isaiah, Aydé López, Lorelay, Francisco Makareno, Makith, Victoria Ruth Martínez, Ismael Martínez, Elena Mayorga, Santiago Medina, Ángel Melgoza, Javi Mendoza, Fernanda Montes de Oca, Edgardo Joel Olivares, Abraham Ortega, Fabiola Imelda Pérez Soussa, Pomposo, Raya, Carlos J. Rodríguez, Ulises Rodríguez, Manuel Rodríguez Sánchez, Valeria Saavedra, José Manuel Sánchez, Jocelyn Strada, Kathy Sucar, Gustavo Tovar, Lesma Turner, Oscar Urbano, Raúl Urias y Luis Vázquez.
Salón Mesones 2.0 reúne un conjunto amplio de prácticas que, sin renunciar a la pintura como lenguaje vertebral, la entienden como un sistema de decisiones sobre escala, distancia y habitabilidad. En Dolores 54 —en pleno Centro Histórico, donde la ciudad exhibe simultáneamente su promesa y su desgaste— la exposición propone una paradoja: mirar lo abierto desde lo mínimo. El pequeño formato funciona aquí como herramienta crítica y como modo de atención; condensa territorios (silvestres o urbanos), escenas íntimas y signos simbólicos para poner en evidencia una tensión contemporánea: la vida cotidiana se estrecha mientras los problemas del mundo se expanden. En ese desfase, la muestra ensaya una ética de lo menor: sostener el horizonte sin grandilocuencia, reconocer la finitud sin convertirla en derrota, y volver a la mirada un acto de cuidado.
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El espacio es uno de los problemas de nuestra época. De toda época, en realidad. Al pensar en cómo se manifiesta en el arte contemporáneo, me resulta inevitable recordar el concepto clásico de lo sublime: ese terror que experimenta la consciencia frente a lo infinito. Aunque parece una noción propia de un tiempo ingenuo, anterior a la explotación de la naturaleza, lo sublime reaparece en la disparidad que define nuestro entorno: el vértigo media en la diferencia entre la capacidad adquisitiva del salario y la posibilidad de afianzar un hogar, en la distancia entre la vivienda y los centros de trabajo; en las señales acuciantes de una emergencia climática; incluso, en una nostalgia imprecisa por una felicidad irrecuperable, depositada quién sabe dónde.
No es casual que hoy coincidan la fascinación por el paisaje y la preocupación común por el justo destino de los territorios, en cualquier escala. Las obras que integran esta muestra comparten un interés por los espacios abiertos, expresado en piezas de pequeño formato. Magnitudes inabarcables vislumbradas a través de dimensiones ínfimas. ¿Es el síntoma de una sociedad relegada a las orillas de los sitios en disputa? ¿Se ha acentuado el abismo entre nuestro cuerpo y la utopía que deseamos?
La experiencia de la finitud… de un conjunto de finitudes que aspiran a un horizonte pleno y habitable, define esta segunda edición de Salón Mesones. Panoramas silvestres y urbanos, simbólicos e íntimos, proponen una serie de reflexiones sobre lo pequeño. ¿Nuestra humanidad va en detrimento? ¿pretendemos encontrar un resabio en el arte, algo irreductible, de lo que más valoramos en el mundo?
Todas las catástrofes aguardan detrás del gesto inadvertido. Toda promesa y toda esperanza se encuentran encriptadas en lo menor, en un caramelo. Una montaña se adivina en el guijarro. Una nube resume el pensamiento y un pedacito de finitud es suficiente para contemplar el cielo abierto.
Hugo Alejandro Vega
septiembre de 2025
Space is one of the problems of our age. Of every age, in fact. When I think of how it manifests in contemporary art, I cannot help but recall the classical concept of the sublime: that terror a consciousness feels before the infinite. Though it seems an idea born of a more naïve time, before the systematic exploitation of nature, the sublime reappears in the disparities that define our surroundings: in the vertigo between a salary’s purchasing power and the possibility of securing a home, in the distance between housing and the workplace; in the urgent signs of a climate emergency; even in an indistinct nostalgia for an irretrievable happiness, stored who knows where.
It is no accident that today fascination with the landscape coincides with a shared concern for the rightful fate of territories, at every scale. The works in this exhibition share an interest in open spaces, expressed through small-format pieces: boundless magnitudes glimpsed in minimal dimensions. Is this the symptom of a society pushed to the margins of contested sites? Has the abyss widened between our bodies and the utopias we long for?
The experience of finitude—of a constellation of finitudes aspiring to a full and livable horizon—defines this second edition of Salón Mesones. Wild and urban panoramas, symbolic and intimate, offer a series of reflections on smallness. Is our humanity diminishing? Do we seek in art a residue, something irreducible, of what we value most in the world?
Every catastrophe lies in wait behind an unnoticed gesture. Every promise and every hope are encrypted in what is smallest, in a piece of candy. A mountain is foretold in a pebble. A cloud condenses a thought. And a fragment of finitude is enough to contemplate the open sky.
Hugo Alejandro Vega
September 2025
